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28 sept 2009

Las personas

La semana pasada me ocurrió algo que me dejó pensando durante todos estos días. Me encontraba solo, conduciendo por la carretera, yendo hacia un taller de soldadura. Tenía que llevar una lámina de hierro para que el maestro la cortara.

No conocía exactamente el lugar; para ser honesto, no había ido anteriormente. Lo que si conocía era la zona, y el estado en el que se encontraban las calles. El carro que conducía era una camioneta Chevrolet del 78, es como la que se puede ver en la foto solo que en color plomo. Comprenderán que la dirección es completamente manual, y los cambios son NETAMENTE a la antigua. No quiero entrar en tantos detalles triviales, simplemente quiero graficar la escena de lo que me ocurrió.



Al llegar a la calle donde se encuentra el taller, me doy cuenta de que primero debo bajar por un pequeño y estrecho cruce en el que contaba con una zanja en cada lado y había que ser lo suficientemente preciso como para poder pasar. Cabe recalcar que todo el terreno y sus calles eran de cascajo, lo cual dificultó maniobrar la camioneta. Decidí entrar, pero lo que más temía sucedió.

Caí dentro de la zanja del lado derecho del cruce. No sabía ni como salir puesto a que intentando retroceder y acelerando al máximo, no logré mover el carro ni un milímetro. La gente alrededor gritaba, me decían en aquel momento cosas como: "oe oe oe... te caíste, chuta hermano... estás jodido, no vas a poder salir..." y efectivamente, no podía salir ya que por la forma como estaba caído el carro, tenía la puerta del conductor presionada... y la puerta del pasajero daba con la zanja, que estaba llena de agua de desagüe mezclado con los reciduos de alcantarilla de toda la zona... era imposible salir.

La gente se empezó a aglomerar y me estaba poniendo muy nervioso, debo ser honesto. Cosas así no me suceden casi nunca. Lo curioso de todo esto es que sentí un aire de solidaridad y calidez... era extraño. El momento determinante de toda esta situación fue cuando llegaron los oficiales de la comisión de tránsito, una persona se acerca y me dice "mira, ahi llegan los de la comisión pase lo que pase.... no des tu licencia, no des tu matricula, no des NADA..." y en efecto, no tenía por qué hacerlo... lo que me sucedió no obstaculizaba el tráfico, ni había sido un accidente, no existían partes y lo mejor de todo esto fue que, tenía el apoyo de toda la gente de la zona.

Cuando el oficial se acercó a pedirme la licencia, yo de tono osado le pregunté "¿Por qué tengo que dársela?" y el oficial se consternó con mi pregunta inesperada... luego la gente que estaba alrededor mío empezó a preguntarle lo mismo y aseverando de que yo no tenía nada que ver con un accidente y que una citación por este incidente era algo absurdo. Sentí un apoyo muy grande, de lo cual me siento enteramente agradecido, no esperaba esa reacción. Aquel apoyo fue un soporte para recobrar mi confianza y serenidad para poder argumentar cualquier detalle que quisieran saber los oficiales.

Finalmente logramos sacar la camioneta con la ayuda de un trailer que se dignó a halarla y en consecuencia logré salir sin ningún problema. Lo único que puedo decir es que honestamente me siento muy agradecido por todas esas personas que me apoyaron para realzar mi inocencia ante el suceso.

El motivo de su ayuda honestamente no lo sé, quizá sea la indignación acumulada por presenciar tanto abuso de poder, que vieron en mi a uno de ellos. Sea cual fuera el motivo de la ayuda que recibí concluyo con lo siguiente:

Las personas son como una corriente de aire, que pueden tanto favorecer al individuo... como en mi caso, o pueden convertirse en la peor de las tormentas. Nosotros como individuos navegamos por la vida en diferentes situaciones, está en nosotros determinar si donde nos dirigimos encontraremos a las personas idóneas o no. Pero cuando se trata de situaciones como las que acabo de mencionar, puedo decir que fue una cuestión de Dios, y el siempre nos acompaña.

un abrazo.